Duelos ambiguos: cómo intervenir cuando no hay una pérdida clara
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Cuando pensamos en el duelo, solemos asociarlo a la muerte de un ser querido. Sin embargo, en la práctica clínica es frecuente encontrarse con personas que experimentan un profundo sufrimiento emocional sin poder señalar una pérdida concreta, clara o socialmente reconocida. Estas experiencias, complejas y a menudo invisibilizadas, se engloban bajo el concepto de Duelos ambiguos, un tipo de duelo especialmente desafiante tanto para quien lo vive como para los profesionales que acompañan el proceso terapéutico.
Los duelos ambiguos generan confusión, bloqueo emocional y una sensación persistente de “no poder cerrar” la experiencia de pérdida. Para los psicólogos/as, comprender este tipo de duelo resulta fundamental, ya que no responde a los modelos tradicionales de elaboración del duelo ni a intervenciones centradas exclusivamente en la aceptación de una pérdida definitiva. En este artículo analizamos qué son los duelos ambiguos, sus características clínicas y, sobre todo, cómo intervenir psicológicamente cuando no hay una pérdida clara.

Qué son los duelos ambiguos
El concepto de duelos ambiguos fue desarrollado por la investigadora Pauline Boss para describir aquellas situaciones en las que la pérdida no es clara, definida o socialmente validada. En estos casos, la persona vive una experiencia de pérdida, pero sin los marcadores habituales que permiten iniciar y elaborar un proceso de duelo convencional.
En los Duelos ambiguos, la ambigüedad impide cerrar el ciclo emocional, ya que no existe una confirmación clara de lo que se ha perdido, ni de si esa pérdida es definitiva.
Tipos de duelos ambiguos
Existen dos grandes formas de duelo ambiguo, que pueden presentarse de manera aislada o combinada.
Pérdida física con presencia psicológica
En este tipo de duelo, la persona está físicamente ausente, pero psicológicamente presente.
Ejemplos frecuentes incluyen:
- Personas desaparecidas.
- Familiares con demencias avanzadas.
- Personas en coma o estados vegetativos.
- Migraciones forzadas o separaciones prolongadas.
El vínculo emocional permanece activo, lo que dificulta la aceptación de la pérdida.
Presencia física con pérdida psicológica
Aquí la persona está físicamente presente, pero se percibe una pérdida a nivel emocional, relacional o identitario.
Algunos ejemplos habituales son:
- Cambios profundos de personalidad tras una enfermedad neurológica.
- Rupturas de pareja sin contacto total.
- Relaciones marcadas por la adicción o la violencia.
- Pérdida del rol parental o profesional.
En estos casos, el duelo no se reconoce socialmente, lo que aumenta el aislamiento emocional.
Características clínicas de los duelos ambiguos

Los Duelos ambiguos presentan una sintomatología particular que puede confundirse con otros cuadros clínicos si no se evalúa adecuadamente.
Entre las características más frecuentes se encuentran:
- Sensación persistente de incertidumbre.
- Dificultad para tomar decisiones.
- Ambivalencia emocional intensa.
- Culpa y autoexigencia.
- Bloqueo en el proceso de elaboración del duelo.
- Elevados niveles de ansiedad y estrés.
A diferencia del duelo clásico, no hay un “antes y después” claramente definido, lo que prolonga el malestar en el tiempo.
Por qué los duelos ambiguos son especialmente difíciles
La dificultad principal de los duelos ambiguos radica en la imposibilidad de cerrar la pérdida. La mente humana necesita narrativas claras para procesar el cambio, y la ambigüedad rompe esa estructura.
Factores que complican el proceso incluyen:
- Falta de rituales sociales de despedida.
- Escaso reconocimiento del entorno.
- Conflictos internos entre esperanza y resignación.
- Presión social para “seguir adelante”.
Desde una perspectiva psicológica, esta ambigüedad genera un estado de activación emocional crónica que interfiere con la regulación emocional.
Evaluación psicológica en los duelos ambiguos
Antes de intervenir, es fundamental realizar una evaluación cuidadosa que permita identificar la naturaleza del duelo.
Aspectos clave a evaluar incluyen:
- Tipo de pérdida percibida.
- Grado de ambigüedad y duración.
- Impacto funcional en la vida diaria.
- Recursos personales y redes de apoyo.
- Presencia de síntomas ansiosos o depresivos.
Una evaluación adecuada evita intervenciones centradas únicamente en “aceptar la pérdida”, que pueden resultar invalidantes en estos casos.
Claves para la intervención psicológica en duelos ambiguos

Validar la experiencia de pérdida
Uno de los primeros objetivos terapéuticos es legitimar el duelo. En los Duelos ambiguos, muchas personas sienten que “no tienen derecho” a estar mal.
El trabajo terapéutico implica:
- Nombrar la pérdida.
- Reconocer el sufrimiento.
- Validar la ambivalencia emocional.
La validación reduce la culpa y fortalece la alianza terapéutica.
Trabajar con la incertidumbre
A diferencia de otros duelos, aquí no se busca eliminar la incertidumbre, sino aprender a convivir con ella.
Intervenciones útiles incluyen:
- Tolerancia a la Ambigüedad.
- Regulación Emocional ante la Incertidumbre.
- Reducción de la Necesidad de Cierre Absoluto.
Desde un enfoque cognitivo-emocional, se trabaja la flexibilidad psicológica.
Reestructurar narrativas rígidas
Muchas personas atrapadas en duelos ambiguos mantienen narrativas internas dicotómicas: “o está todo perdido o todo sigue igual”.
El terapeuta ayuda a:
- Construir Narrativas Más Complejas.
- Integrar Contradicciones Emocionales.
- Aceptar Múltiples Verdades Simultáneas.
Este trabajo narrativo facilita el procesamiento emocional.
Redefinir el vínculo
En los Duelos ambiguos, el objetivo no siempre es “soltar” el vínculo, sino transformarlo.
Esto implica:
- Revisar el Significado de la Relación.
- Ajustar Expectativas Emocionales.
- Establecer Nuevos Límites Internos.
El vínculo se resignifica sin necesidad de una ruptura definitiva.
Promover el autocuidado y la identidad personal
La ambigüedad prolongada puede erosionar la identidad de la persona. Por ello, es clave trabajar aspectos como:
- Reconstrucción del Rol Personal.
- Recuperación de Espacios Propios.
- Reforzamiento de la Autoeficacia.
Este enfoque reduce la fusión emocional con la pérdida.
Herramientas terapéuticas útiles
Dependiendo del enfoque del profesional, pueden integrarse diferentes herramientas:
- Técnicas de Regulación Emocional.
- Terapia Narrativa.
- Enfoques Basados en Mindfulness.
- Intervenciones Sistémicas.
- Trabajo con Valores.
La clave no está en el modelo, sino en su adaptación a la ambigüedad del duelo.
Errores frecuentes en la intervención
Algunos errores habituales en la intervención con duelos ambiguos incluyen:
- Forzar la aceptación de una pérdida no clara.
- Minimizar el sufrimiento.
- Buscar cierres artificiales.
- Comparar con duelos normativos.
Estos errores pueden aumentar la invalidación y la resistencia terapéutica.
El papel del psicólogo/a en los duelos ambiguos
El rol del terapeuta es acompañar, no resolver la ambigüedad. En los Duelos ambiguos, el psicólogo/a actúa como:
- Contenedor Emocional.
- Facilitador de Significado.
- Guía en la Construcción de Narrativas Flexibles.
- Acompañante del Proceso, no del Resultado.
Esto exige tolerancia a la incertidumbre también por parte del profesional.
Formación y especialización
El abordaje de duelos ambiguos requiere formación específica en duelo, trauma, apego y regulación emocional. La comprensión de estos procesos amplía significativamente la capacidad de intervención clínica.
En este sentido, Psicomagister ofrece formación especializada orientada a psicólogos/as que desean profundizar en el abordaje del duelo desde una perspectiva actual, integradora y basada en evidencia, incluyendo situaciones complejas y no normativas como los duelos ambiguos.
Conclusión: acompañar sin cerrar en falso
Los Duelos ambiguos nos recuerdan que no todas las pérdidas se pueden cerrar, ni todas las heridas cicatrizan con un final claro. Para los psicólogos/as, intervenir en estos casos implica renunciar a soluciones rápidas y acompañar procesos profundamente humanos, marcados por la ambivalencia, la incertidumbre y la transformación del vínculo.
Cuando se valida la experiencia, se trabaja la tolerancia a la ambigüedad y se promueve una identidad más allá de la pérdida, el sufrimiento se vuelve más manejable y la persona puede recuperar un sentido de continuidad vital. Intervenir en duelos ambiguos no es ayudar a olvidar, sino ayudar a vivir con aquello que no puede resolverse del todo, desde una posición más consciente, compasiva y flexible.

